Sábado, 7 de noviembre de 2026
Guitarrista

La revista digital de guitarra en español

Enrique García

Director de la sección Luthier

Don Enrique García, una vida entre guitarras

Garcia Guitars en Instagram ↗

Don Enrique García ha pasado media vida entre guitarras: primero sobre el escenario, en el pop malagueño de los setenta, y después en el banco de trabajo, donde ha reparado y restaurado cientos de instrumentos, muchos de ellos de altísimo valor. Es un profesional respetado dentro y fuera de España. Al frente de Garcia Guitars restaura, repara y construye en Málaga, y ahora dirige la sección Luthier de Guitarrista.

Del escenario al taller

Su relación con la guitarra empezó tocando. A comienzos de los setenta formaba parte de Fresa y Nata, uno de los grupos de la escena malagueña de entonces, junto a Manuel Sierra y los hermanos Julio y Roberto González Vázquez. Roberto sería años después Rockberto, la voz de Tabletom.

Don Enrique García cantando y tocando una guitarra semisólida roja en un escenario
Don Enrique García sobre el escenario, en sus años de músico.

De esa misma década viene su conocimiento del constructor Sergio Repiso, con quien coincidió en Mallorca. Veinte años más tarde, en 1995, aquel nombre volvió a cruzarse en su camino: le llegó al taller una eléctrica de caja que Repiso había construido en Buenos Aires en 1962, al estilo de la Gibson ES-175, destrozada al parecer en la cinta de equipajes de un aeropuerto. Para repararla necesitaba saber cómo iba unido el mástil al cuerpo, y la respuesta se la dio la propia guitarra al abrirla: un ensamble a la española. Repiso es uno de los constructores a los que más vueltas ha dado. Ha retocado la unión de una pala reconstruida en otra guitarra suya y acabó comprando una acústica que vendía el nieto del constructor.

Don Enrique García, joven, en su banco de trabajo junto a una Les Paul Custom desmontada
Don Enrique García en su taller, en sus primeros años de oficio.

Lo que la guitarra trajo de fábrica

En más de tres décadas de oficio han pasado por sus manos cientos de guitarras, entre ellas piezas de colección por las que sus dueños no confiarían en cualquiera. Lo que distingue su trabajo es un criterio: devolver a cada instrumento lo que tenía al salir de fábrica, conservar todo lo original que se pueda salvar y no borrar lo que la guitarra ha vivido después. Es un criterio que importa mucho en las guitarras antiguas, donde un acabado repintado o una pieza cambiada pueden restar buena parte de su valor.

Don Enrique García trabajando en los trastes de un mástil de Fender
Trabajando en los trastes de un mástil de Fender.

La mayor parte de esos trabajos no se ha contado nunca en público. Unos pocos los ha explicado él mismo en su blog, y sirven para ver cómo trabaja más que para resumir su trayectoria. En una Fender Jaguar de 1963, barnizada a brocha de arriba abajo, conservó nueve trastes originales, salvó la electrónica y recuperó el diapasón de palisandro brasileño antes de devolverle su acabado en nitrocelulosa. En una Stratocaster Sonic Blue de 1965 retiró a mano el repintado hasta dar con el color de fábrica, y en una Telecaster de 1968 rebobinó la pastilla de mástil guiándose por los restos de cera de la bobina, que le indicaban dónde empezaba y acababa el hilo original y en qué sentido estaba devanado.

Otros dos trabajos son especialmente conocidos entre los aficionados españoles porque quedaron documentados al detalle en Pisotones. El primero es la Telecaster Custom de los setenta de Rubén Hernández, que había pasado por varios acabados y electrónicas. En el taller de Málaga recuperó el blanco en nitrocelulosa, igualado con una muestra del color original hallada en una zona oculta, y una cejuela de hueso de época que don Enrique había guardado para ella. Los trastes jumbo fueron decisión del dueño.

El segundo es una guitarra suya: una Gibson Les Paul Custom de 1959 que conservaba sus tres pastillas PAF, pero a la que alguien había quitado el negro de fábrica para cubrirla de poliuretano. Le dedicó unos cinco años de lija a mano. Debajo apareció un cuerpo de caoba de una sola pieza, sin taladros añadidos, y llegó a pensar en dejarla en madera. Al final volvió al negro Black Beauty en laca de nitrocelulosa, con trastes Medium Jumbo nuevos y el cableado rehecho junto a Calambres, el responsable de Pisotones. En 2023 la tocó Jared James Nichols en la tienda Organigrama de Málaga.

Enrique García, de pie, y Manolo Herrera trabajando en una Gibson Les Paul Custom negra en el taller
Enrique García (de pie) y Manolo Herrera, responsable de Pisotones, en el taller.

También constructor

Además de restaurar, construye. En 2011, en el homenaje a Los Íberos que Javier Ojeda, de Danza Invisible, organizó en el Teatro Cervantes de Málaga, entregó a su amigo Enrique Lozano, fundador y guitarrista del grupo, una guitarra hecha por él. Ha colaborado con la lutier malagueña Susana Martín en dos acústicas inspiradas en modelos Martin, y una de sus eléctricas, firmada E. Garcia Custom Guitars, está en manos del guitarrista Lito Fernández.

Don Enrique García lijando un cuerpo de guitarra en el taller
En el taller, dando forma a un cuerpo de guitarra.

Un lutier de la comunidad

Don Enrique pertenece a la generación de guitarristas que hizo comunidad en los foros de comienzos de siglo, en Fendermanía, Guitarramanía y después guitarrista.org, y que se veía en persona en sus encuentros. En el de A Estrada, en 2001, conoció a Rubén Hernández tras un año de correos y llamadas, y en el de Uceda, dos años después, se decidió la restauración de aquella Telecaster.

Le gusta además contar lo que hace. En su blog, Mi vida entre guitarras, enseña paso a paso sus restauraciones y escribe sobre los constructores que admira. Uno de ellos es Ron DeMarino, el lutier neoyorquino que en 1980 puso a punto la maltrecha Rickenbacker 325 de John Lennon durante la grabación de Double Fantasy; don Enrique guarda, por pura nostalgia, un golpeador que DeMarino fabricó ese año y que lleva su sello.

En 2016 escribió para Guitarrista un artículo sobre la guitarra que George Michael dejó en Málaga tras su concierto de 1989. A partir de una sola fotografía de prensa identificó una Gretsch Synchromatic acústica y señaló las modificaciones del clavijero, el diapasón, el puente y el cordal. Meses después, cuando se anunció su traslado al Museo Interactivo de la Música de Málaga, la prensa la identificó del mismo modo.

Ahora vuelve a esta casa al frente de la sección Luthier. Trae a ella las preguntas que se hace en el taller: qué conserva un instrumento de fábrica, qué le han cambiado quienes lo han tocado y qué merece la pena respetar cuando llega el momento de intervenir.

Fuentes